
y ya cansado de esperar , amartillo el revolver con suma cautela desplazando el martillo lentamente, y se levantó viendo que los managuillos y el cura se retiraban por la puerta de la sacristia cerrando tras de ellos la pesada puerta tallada en relieve con imagenes de angeles y santos y un tirador de hierro dorado haciendo un golpe seco al choque de la puerta con el marco, esta es la mia se dijo: y con el revolver preparado se levantó del asiento desplazandose sobre el suelo como un gato silencioso, sin el menor ruido se acercó hasta el banco trasero donde se sentaba el sr. de las HUERTAS, que sumido en un profundo fervor religioso no estaba en este mundo, ya que era de profundas convicciones religiosas, asi que el asesino a sueldo, se fué acercando cada vez más cerca del desgraciado que tenia en esos momentos los minutos contados, y en el instante que ya tenía el cañon del revolver apuntandole al cuello gordo y sudado, su cara se transformó en una mueca canallesca, disfrutando de aquel momento el cúal iria a parar como un triste recuerdo a engrosar la lista de las muescas del revolver con empuñadura de plata, en el cúal se leía el nombre del dueño, y las marcas de la larga lista de ajusticiados por encargo que había ido realizando a lo largo de su dilatada trayectoria, pero ese no era su día estaba escrito, porque en aquel instante se abrió la puerta de la iglesia entrando por ella, una pareja de ancianos cogidos del brazo, y arrastrando los pies fueron desplazandose lentamente por la nave central, el asesino a sueldo guardó precipitadamente el arma, y siguió caminando hacía el altar, arrodillandose en el reclinatorio donde se hacían las ofrendas a al cristo que colgaba del techo , como si levitara sujeto a la cruz y con unos cables de acero, y en la misma postura que el cristo de DALI, y miraba fijamente a todo aquel que quedaba a su altura, los dos ancianos traian un ramo de flores capullos de amarilis, rojo, y matizados, y se dirigian hacía la imagen de la virgen de los desamparados. por tanto el asesino a sueldo hizo toscamente la señal de la cruz, y se puso pie se cerró la gabardina, y traspuso hacía la puerta echandole una última mirada, al sr. de las HUERTAS, diciendose para sus adentros, no sabes maldito, la suerte que has tenido hoy, dá gracias a que todo se ha puesto en contra, pero no te preocupes, volveremos a encontrarnos en mejor ocasíón, y al llegar al portal de la iglesia se caló el sombrero con rabioso gesto, y se perdió entre la lluvia y la niebla, que cubría la calle...



Comentarios recientes
hace 2 años